¿Cómo escribir textos eficaces?

La redacción se diferencia de muchas otras profesiones en que no es un arte mecánico. No es un proceso que uno pueda aprender y memorizar a través de la práctica constante.  Incluso el mejor escritor sería incapaz de producir un buen escrito de forma autómata, sin importar cuando destreza y experiencia tenga.

Esto sucede porque cada escrito sirve como vehículo de un mensaje en particular. Por esta razón, cada mensaje requiere de un texto diseñado acorde a las necesidades del mismo, ya sean de lenguaje, tono, estilo y muchos otros aspectos. Como en esta profesión no existen dos mensajes iguales, tendremos que crear textos diferentes todo el tiempo.

He aquí la respuesta a la pregunta que tanto se hacen quienes contratan los servicios de un redactor.

¿Por qué mis textos no pueden estar listos más rápido?

Porque se deben respetar las etapas de la producción de un escrito, a fin de que este cumpla con el objetivo planteado. Estamos hablando de la eficacia. Un mensaje alcanzará la eficacia, si y solo si los lectores entienden lo que quiso decir el redactor.  Más allá de las formas, de los canales de comunicación, es imperioso que la esencia del mensaje llegue intacta y cumpla con su misión.

Un texto busca conmover, convencer, informar, exponer, persuadir, entretener, intrigar, narrar, atraer, entre muchos otros efectos. Para cada uno de ellos debemos valernos de elementos específicos. Lo mismo sucederá con el público al que vaya dirigido y con el medio en el que vaya a publicarse.

¿Suena complicado, verdad? Por fortuna tenemos algunas pautas básicas que podemos seguir para acercarnos a la tan ansiada eficacia.

Definir objetivos

¿Cuál es el objetivo del texto? ¿Qué vamos a decir? Nada más importante que tener un objetivo claro, pues el texto debe ser preparado para cumplirlo.

Pensar en el lector

Es necesario estudiar el público al que irá dirigido nuestro mensaje, sus intereses, gustos y lenguaje. Si nos compenetramos con nuestros lectores hallaremos la mejor forma de transmitirles nuestro mensaje.

Ordenar las ideas

Ya teniendo nuestro objetivo podemos estructurar el texto, ordenando la idea principal y las secundarias como sea conveniente. De ser necesario habrá que establecer una jerarquía y asignar a cada idea un párrafo.

Poner atención al tono

Debemos adaptar el tono de nuestros escritos al público a quien va dirigido. Asimismo, no hay que perder de vista el objetivo. Es importante encontrar el equilibrio entre el tono adecuado para el lector y el tono apropiado para el mensaje.

Conocer la lengua

El español, al igual que los otros idiomas, es una lengua en constante evolución. Se introducen neologismos, otras expresiones se vuelven arcaicas, las variantes regionales también deben ser tomadas en cuenta. Hay que evitar caer en vicios de redacción como solecismos, vulgarismos y extranjerismos innecesarios.

Evitar sonar aburridos

Muchas veces, con el afán de ceñirnos a las reglas del español terminamos construyendo un texto plano, sin estilo, hecho con el manual en la mano. Tenemos que esforzarnos por evitarlo, aplicando siempre la medida justa de nuestra propia autenticidad como escritores.

…pero tampoco pecar de románticos

Darle estilo y naturalidad a un escrito no significa llenarlo de adornos superfluos, que no aportan nada a su lectura. Evitar calificativos poéticos, palabras vacías, prosa densa que solo confundirá al lector en lugar de ayudarlo a entender lo que queremos decir.

La medida justa de autocrítica

Tratemos de ser responsables con lo que escribimos, cuidando la puntuación, la sintaxis y el tono. Tomémonos nuestro tiempo para revisarlo, porque siempre hay algo que mejorar, pero también sepamos cuando dejarlo. Un texto corregido en exceso puede perder por completo la forma.

La modernidad nos exige renovarnos constantemente. Somos como un artesano que toma una idea como un trozo de mármol y le da forma, valiéndose de un sinfín de cinceles. Estos cinceles son las palabras, y del mismo modo que los cinceles pierden su filo y requieren mantenimiento, nuestros propios conocimientos deben actualizarse. Para mantener nuestra redacción al día y en forma hacen falta disciplina y entusiasmo.

Redactar es una profesión que nunca se termina de aprender, cada texto que creamos es un paso más en la búsqueda de la inalcanzable perfección literaria. Sin embargo, aunque la perfección sea imposible de alcanzar, no debe quitarnos el sueño. El verdadero objetivo de quien redacta es envolver el mensaje con las palabras adecuadas. Solamente así podrá llegar al lector en toda su integridad y cumplir con las metas trazadas. Si nos damos a entender como redactores, habremos cumplido con nuestro cometido.

Eso es todo por ahora. ¡Nos estaremos leyendo!

 

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